Hablando claro, tal y como alguna vez lo hicieron los tatarabuelos moribundos,
confieso que nunca tuve una cita verdaderamente importante con ningún ser humano que ayer fuese un desconocido.
En medio minuto cada uno en su ventana particular entonando su/la contraseña secreta.
Con lo sencillo que parece de proponer y de experimentar, resulta que el misterio contaminado y el dejar hacer me negaron esa posibilidad.
Aunque eso está todavía por confirmar.
Todo a lo que acabo de referirme menos a que nunca hice una proposición de forma tan nítida ni tampoco me la hicieron a mí.
Quizá en el lejano verdeal, ahora asfalto, y sin tener que aguardar la caída de la noche.
2016.
Quizá en el lejano verdeal, ahora asfalto, y sin tener que aguardar la caída de la noche.
2016.

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