Sobre confines


...confinamientos y aquellos olvidados barrios de este lodo.




No deja de ser contradictorio, sintomático y patético que para informarte sobre algo tengas que, previamente, desinformarte tanto.



Todavía estoy aprendiendo, tratando de llegar a alguna conclusión.

No obstante, estos días también observé las diversas reacciones a mi alrededor.
Pude medir, todavía más certeramente, lo que ya no soy y lo que he pasado.

Pertenezco al riesgo paciente, no hay duda.
Ya tenía una máscara con anterioridad.

La última vez que me adentré en el bosque, mi amiga blanca me esperaba acurrucada sobre una piedra.

Echó a volar cuando, para poder asegurarme de lo que mis ojos veían,
encendí una cerilla.


Pertenezco a un eterno supongo, nunca nadie afirmó con total seguridad que no abra puertas hacia lo que soy.






Ya me atreví a responder a un segundo acertijo y que la gente me volviese a mirar de nuevo.
¿Y qué?


Prefiero despertar a gusto.











A mí nadie me trata de visionario, aunque haya acertado unos pies por delante.


No recuerdo buenos tiempos para nadie que desee pintar su propio gris de la existencia, que quiera aprender a escuchar, a leer de aquí y de allá antes de crear un puente y, si no hay más remedio, destruirlo.
Cualquier ingrediente de una conclusión por venir les parece un dogma.

No sé si alguien puede percibir, más allá del cascabel que le han lanzado, algo distinto a la incomprensión más absoluta.
No estoy tan libre de pecado, me asomo al barrizal de la misma actualidad exagerada de siempre cada dos días.
Lo hago porque mis teclas ya no funcionan.
Será un mundo virtual, pero ese nivel de  comprensión es de carne y hueso.


Nadie transforma el miedo y la duda  en una revolución completa ni en el desprecio de la indiferencia.
Nadie, excepto los que no aprueban ser tratados como visionarios sólo porque una vez no eligieron hacia dónde ir.

Tu destino depende de mi destino, es hora de asumir la agresión de la especie.
¿Tú... conduces?
Que Adán robe en la oscuridad oscurece el simple paseo nocturno de Manuel.

Es la última oportunidad para generalizar, no existen los periodistas, los viejos amantes, los magos de oriente ni los reyes protectores.



No se parecen en nada a lo que aprendimos de ellos mientras vaticinábamos si llovería, o no, a la hora del recreo.
Teníamos razón, así  tendrían que ser.
Por eso no existen.
Existe el mérito del retuiteo interesado o la invención libre y el de simular ser imprescindible para la sociedad.


Sé quiénes no me representan ni por casualidad, sé con quiénes me identifico en su proceder.
Lo que ocurre es que hay tanta sigla y tanto magnate del que no sabemos absolutamente nada...



A ver es lo de menos cuando haber no hay nada.
Por mi parte, indefectiblemente, me acomodé demasiado en el placer de hacerme entender.
Por eso, como no podría ser de otra manera, ahora escribí indefectiblemente sin que tampoco me sirva.




Sueño con dormir todavía más lejos, no sé si esa dimensión está contemplada en los sueños de mi ser acompañante, ni tampoco si anhela que la vida hecha de halagos que ya han sido impresionados por un gesto indolente y vaporoso, también de odios nacidos del vacío más necesitado de alimento ya masticado, deje de latir.

Semejante existencia no puede conocer ni una sola coincidencia.
Por eso imagino que un Dios habita donde un jabalí podría soplarnos libremente en el cogote sin que se lo impida ninguna luz cegadora.
Soy incapaz de darle forma allí  donde le roban su trabajo y se atreven a decidir cuáles serán sus justas decisiones.



Lo paradójico es que no pude ser más feliz y, ya infectado, lo seguiré siendo en un recuerdo futuro.


Por ejemplo, en un suspiro ya me estará permitido confundirme entre los árboles.
Todo lo que pienso, creo e imagino ya existió alguna vez en la mente de un ladrón de poemas.






Sé que ya nunca me podré superar, lo sé porque hasta ahora no me había calculado.
Tan agotado, resulta esperanzador...
Necesito urgentemente impresionarme.
¿Qué horrorosa hermosura podría volverme a agitar después de haber frecuentado la fábrica de un injusto hilillo por el que respirar?





Adela, mujer tan paciente en un hospital del siglo pasado, tenía razón.
Se anticipó a lo que ahora sé sobre mí.
Insistía e insistía en mi estrella.



Adela, qué bonito es no haber recordado tu nombre hasta ahora...que ya lo sé.














Comentarios

Entradas populares