El mayor soplo de conocimiento me visitó una vez que iba andando por la calle y escupí sin darme cuenta, sin la ineludible necesidad  de hacerlo.




Me vestí la piel de media humanidad en un segundo.
Me dije: ¿quién  soy ahora?

En otra ocasión, me di cuenta de que me costó leer retrotraerme.
No me dije nada en ese momento, pero me abruma tener siempre razón en lo que a mí respecta.
¿Acaso me conozco mejor que la palma de mi mano?
¿Acaso no es cierto que sé qué va a decir ahora esa persona y no tanto lo que voy a decir yo?


Joder, qué importancia le doy a un escupitajo,¿verdad?
Aurelio sale a trescientos por día, y ya ves tú...

Je, ji.

Me da pánico que algún individuo que mire el dedo y no al cielo tenga alguna incidencia en mí.
Resulta que hay jueces, médicos, profesores y jefes por doquier, además de personas  juguetonas que portan un eclipse total en el índice...
A mí enciérrame en una mansión abandonada, pero no me sueltes en el cementerio viviente en el que todo les parece un zasca épico .





No tengo ni idea sobre si elegir una estación de itv diferente puede conllevar un cambio mayor en tu existencia que el pedirle matrimonio al primer charco de penas que te encuentres al cruzar la esquina.

Da igual, pero me gusta indagar a gato pasado...
La distancia entre ser virgen o actor porno se vislumbra en un rabo suelto de lagartija.

Se me pierde el año presente, eso sí que  no me importa y es buena señal.
Puedo comprender mejor a alguien que confunde el nombre de sus hijos.



Encontré una carta debajo de quince años, recordé el significado de alguna palabra, corregí dos signos de amor, y me pregunté...
¿Quién eras?


No es mi afición favorita hablar de mí por las calles y los hogares, convertirme en el nuevo cuñado protagonista de los grupos de WhatsApp de familiares políticos, pero analizaría abiertamente a ese tipo que fui, encomiándolo y degradándolo  hasta las últimas causas.
Algo parecido a un psicólogo que se refiriera a un personaje de un cómic antiguo que nunca vio la luz porque su autor existió, para las leyes de este mundo, durante apenas veinte segundos.
Años más tarde, tuvo un hermano al que no conoció.


Ahora que lo digo, a mí no me sucedió lo mismo por el canto de un número premiado.


Ya ves tú qué débil certeza podría implicar todo lo que piensen de ti y pienses del prójimo.
Cada día triunfan miles de bulos  que se parecen al búho original en el blanco de los ojos y en que también acuden al cuarto de baño.


Si alguien se puede creer que ese rostro es el de la persona difamada, no logro hallar el motivo que  les impide descubrir el mundo en la cola del lagarto.



A una patria todavía  más desierta me llevaría una última sonrisa penavella, quizá la hermosa duda intacta que Aili hilvanó a su sombra, un bastón ciego que convertimos en milagro y, finalmente, ninguna canción.





Aceptaría visitas sorpresa, de esas que ya no vuelven jamás, y también a caminantes despistados que abren el corazón antes de retornar a la guerra.
Si diviso el mar desde allí, podría intentar acertarle en el aliento con una botella cuyo mensaje cifrado signifique lo que ahora estés pensando lejos, muy lejos...
De ti, de mí y de cualquiera de más.
Muy lejos.























" Fuiste el primero en gritar libertad, ahora tu dueño decidió gritarlo más fuerte y ya no la quieres porque no puede ser nada bueno..."

Billi Gatos.







A mí estas cosas me cortan un poco...
Por si acaso me parte un rayo, quiero que sepáis que yo llevo mi aldea, mi pueblo, mi país y mi mundo por toda la galaxia...
Forever and ever, y tal.
Todos mis aciertos y errores por descubrir.
Lo pongo aquí porque no me atreví a ponerlo en otro lado...
Sudar canciones era el equivalente a abandonar el templo con la eucaristía renovada.




Sí me acuerdo de ti, existen muchas posibilidades de que así sea.



Con ese gif pueden predecir qué pizza me apetece cenar, claro que tampoco caí en la cuenta de que, de todas las frases aquí escritas , seguro que alguna es aprovechable...












A perseidas de agosto de 2020:

Cuando llegue al fondo del precipicio, tal vez pueda contar si allí hay algo diferente.
La otra alternativa era adentrarme en la mansión organizada del iluminador de los ordenadores o subirme al desordenado escenario del iluminado de la resistencia.

Mi ciega intuición no me permitió otra opción...


No sé tú, pero yo estoy en mi mejor y peor momento.
No me parece una  buena combinación para que salgamos a pasear más allá de los que están tomando algo.
De hecho, me da un poco de tu vieja pereza.

Llamémoslo pereza o miedo, miedo a dar un paso y tener que admitir que nuestro radar no era perfecto.




















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